jueves, 27 de septiembre de 2007

Camino a casa....





Es de noche y todo esta casi oscuro. Llegué, gracias a un colectivo, a una pequeña plaza que la ilumina un par de lámparas, también se ve un poco de gente, mas bien jóvenes que comparten unas copas. Me dan ganas de acompañarlos. Quizás para otra ocasión. Empiezo a caminar, aun me queda un buen resto, pero no es inconveniente, me gusta caminar creo que es una buena instancia para conversar con uno mismo o para soñar, imaginar, explayar la mente hasta el infinito. Cuando camino y veo la luna y sus estrellas me veo acompañado de la imaginación y los recuerdos van invadiendo mi mente de a poco. Por ejemplo un día me puse a imaginar en la forma que tienen los Cronopios, esos seres verdes y pegajosos, esos indeseables Cronopios, tan buenos y puros, tan sensibles. Y así sucesivamente mi cabeza se llena de lindos y malos recuerdos, de sueños de infancia, deseos de grande y de esperanzas futuras.
De repente y como de la nada, vuelvo a mi camino, a ese largo y estrecho camino y en esa luz al final. Veo nuevamente la luna y me doy cuenta que esta mas brillante de lo común, su brillo y hermosura es capaz de apañar el brillo de las estrellas, que la miran celosa porque saben que esta noche la única estrella es la luna. Pero la luna es indiferente a esta envidia, solo sabe que tiene que aprovechar estas pocas oportunidades que tiene para encantar a los viajeros. Vuelvo a soñar. Esta vez en la mujer que siempre aparece en mis noches solitarias y que brilla de igual manera que la luna, apañando la belleza de las celosas estrellas. Como deseo que estuviera aquí en este momento.
De pronto veo un relámpago que paso raudo y veloz a mi lado, me quede en rato en el lugar digiriendo lo que me acaba de pasar, me pasa por poner atención en mi camino y no en el camino. Pero por algo pasan las cosas y esta vez fue para hacer clic en mi memoria y recordar una vieja leyenda sobre esos relámpagos. Dice esta leyenda que si te atrapa un relámpago te dispara hacia otro dimensión, una dimensión no desconocida para los que pasan por estos relámpagos, pero ninguno de los valientes que lo han intentado han vuelo a hablar, solo queda su cuerpo postrado en la acera como si estuviera muerto. La verdad es que en este momento no me interesa saber lo que pasa cuando te atrapa, quizás mas tarde, quizás mañana. Es mejor.
De vez en cuando zigzagueo para que no me toquen estos relámpagos. Los esquivo con gran agilidad, pero no sé hasta cuando podré soportar tanto relámpago. Veo que me queda poco camino, veo la luz al final de este y la lucha con los relámpagos se hace cada vez mas tediosa, como si trataran de impedirme llegar al final, ya estoy cansado, segado incluso por tanta luz, pero por alguna razón tengo que llegar al final, por alguna razón tengo la sensación de que algo o alguien me estará esperando. Es curioso porque soy yo el que siempre espera. Pero esta vez es diferente y la curiosidad se apodera de mis fuerzas y continuo luchando contra los relámpagos. De pronto uno me toca. Caigo, doy unas vuelas en el frío cemento hasta llegar a un costado del camino. Me veo claramente. Mi lecho esta tendido, parece inerte. Tengo pena porque no logre llegar a mi meta, porque dejare esperando a lo que me estaba esperando, porque me veo tendido en el frío suelo. De pronto y de una manera inexplicable, comienzo a elevarme y a acercarme a la luz del final del camino. Pienso en dicha leyenda que escuche algún tiempo atrás, parece cierta. Al llegar veo toda mi vida, lo que hice, logre y lo que me falto por hacer. Veo ese algo que me estaba esperando, no sé que es y de donde vendrá, lleva puesto una túnica larga y negra, y me señala hacia otro camino, pero esta vez no hago ningún esfuerzo por moverme, al contrario voy flotando entre rayos y nubes. Ahora me doy cuenta de todo, y me alegro, después de todo no era un perseguido si no un perseguidor, de mi destino, de mi camino y ahora de mi fin.
Suena el timbre, un caballero me toca el hombro y me dice que ya llegamos, le sonrío amablemente. Me levanto del asiento y me dirijo a la salida. Es tarde, y todavía tengo que hacer una combinación más para llegar a mi casa.